jueves, 17 de junio de 2021

The New York Times. Los olores distorsionados y extraños de alimentos atormentan a los sobrevivientes de COVID-19

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Deborah Schoch

Marcel Kuttab sintió por primera vez que algo andaba mal mientras se cepillaba los dientes, hace un año, varios meses después de recuperarse del COVID-19.

Su cepillo de dientes tenía un sabor a sucio, así que lo botó a la basura y se compró uno nuevo. Entonces, se dio cuenta de que lo que sabía mal era la pasta de dientes. Las cebollas, el ajo y la carne tenían un sabor pútrido y el café olía a gasolina. Todos estos eran síntomas de la alguna vez poco conocida afección llamada parosmia, la cual distorsiona los sentidos del olfato y el gusto.

Kuttab, de 28 años, quien tiene un doctorado en farmacia y trabaja para una compañía farmacéutica en Massachusetts, experimentó para descubrir cuáles alimentos podía tolerar. “Puedes gastar mucho dinero en el supermercado y terminar no usando nada”, dijo.

Cada vez más personas lo experimentan

La pandemia ha puesto de relieve la parosmia, lo que ha estimulado la investigación y una gran cantidad de publicaciones en revistas médicas.

Han surgido nuevos grupos de apoyo y la membresía ha aumentado en los ya existentes. Un grupo sobre parosmia de Facebook con sede en el Reino Unido ha experimentado un rápido crecimiento y tiene en la actualidad más de 14.000 miembros. Emprendimientos relacionados con la parosmia están ganando adeptos, desde pódcast hasta kits de entrenamiento de olores.

Pero una pregunta clave sigue sin respuesta: ¿cuánto dura la parosmia vinculada al COVID-19? Los científicos no tienen plazos definidos. De los cinco pacientes entrevistados para este artículo, todos ellos con síntomas de parosmia desde finales de la primavera y principios del verano del año pasado, ninguno ha recuperado por completo la normalidad en el olfato y el gusto.

"La fruta ya no sabe a jabón"

Brooke Viegut, de 25 años, cuya parosmia comenzó en mayo de 2020, trabajaba para una empresa de entretenimiento en la ciudad de Nueva York antes de que los cines cerraran sus puertas. Cree que contrajo COVID-19 en marzo de 2020 durante un rápido viaje de negocios a Londres y, como muchos otros pacientes, perdió el sentido del olfato. Antes de recuperarlo por completo, empezó a experimentar la parosmia. No podía tolerar el ajo, las cebollas o la carne. Incluso dijo que en un momento de este año, el brócoli tenía un olor químico.

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